Seleccionar página

Te voy a contar algo…

Cuando hago formaciones, lo primero que pido a los alumnos es que se presenten como si yo fuera su cliente.

Y 9 de cada 10 se presentan así:

Hola soy Pepito, vendemos ropa interior en el mercadillo, somos una empresa seria, llevamos 20 años en el mercado, damos el mejor servicio, ​​​​​​​​​chin pun, chin pun, chin pun

Yo soy, somos, vendemos, yo, yo, yo…… sólo hablan de ellos y déjame decirte que no le importas a nadie.

​​

No le importas al mercado, al banco, a la vecina, al repartidor de telepizza e incluso a la familia.​​​​

Eso sí, cuando pides un préstamo y lo pagas, cuando te sobra dinero a final de mes, cuando le haces un regalo a tu vecina…

Ahí sí eres importante.

Cuando das todo es más fácil, la gente te saluda con una sonrisa, más besos, más abrazos, sientes que la gente te quiere, es cómo si la vida ​​​​fuera de color de rosa.

Cuanto más das, más la gente te necesita, te vuelves imprescindible.

Si te presentas cómo Pepito tienes que darle la vuelta 180º a tu presentación y no enfocarte en ti, lo importante es que quién tienes enfrente perciba que vas a ayudarle y que contigo va a estar mejor.

Tienes que darle la vuelta a la tortilla.

Si lo haces, te percibirán como una ayuda y no cómo un vendedor.

Notarás que te conviertes en un imán.

No tendrás que perseguir, te perseguirán para que les ayudes.


Para esto tienes que estructurar tu presentación en 3 partes:

1 Atención (Frase disruptiva)

2 Necesidad (Cuál es el dolor de tu cliente)

3 Solución (Dirige a las personas a tu objetivo, una cita, reunión, etc…

Esto le encantará al cerebro de tu cliente.

Nef.