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No sé tú, pero a mí me chirrían algunos argumentos que se usan para vender.

Está claro que todos queremos vender y cuanto más mejor.

Pero cada vez que alguien sobrevende dando expectativas muy altas y que son perfectos a mí me crea efecto rechazo.

Igual cuando le pregunto a mi hija Lucía que si ha hecho los deberes.

Me dice que si obviamente, cuándo empiezas a preguntar materia por materia y empiezas a comprobar siempre hay algo que no ha terminado.

Pues esto pasa en la mayoría de los casos, a las personas les cuesta hablar mal de sí mismos.

Cuando te sientas delante de una persona y te haces vulnerable te ganas la confianza del cliente potencial en segundos.

Yo hago eso constantemente y me funciona.

No solo a mí, si no todo el mundo que se lo enseño.

Si haces esto vas a vender más te lo aseguro.

Cuando me siento delante de un posible cliente lo primero que digo es que yo no tengo varitas mágicas.

Que en estrategias de marketing no es sota, caballo y rey.

Que no puedo asegurar ningún tipo de resultado.

Les digo esto y algunas cosas más durante la conversación.

No pasa nada, no creas que la gente se asusta, todo lo contrario.

Lo agradecen, porque además saben qué es verdad, por lo menos tienen claro que no estás ahí para engañarles.

Si la gente sabe de sobra que no hay fórmulas mágicas.

Una vez que hagas esto, lo siguiente es que cuentes lo que te hace diferente, aquello en lo que estás muy seguro que vas a cumplir.

Y eso tomará una fuerza extraordinaria que convencerá.

No me tienes que creer, pruébalo y me cuentas después.

Si pillas el truco y armas tus mensajes con esta fórmula te irá bien.

Nef.